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24/11/2023

Manifestación de las violencias contra las Periodistas

El carácter violento y de género de las amenazas contra las periodistas a menudo conduce a la autocensura

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La violencia de género contra lase mujeres es una plaga mundial que afecta a una de cada tres mujeres en el mundo a lo largo de su vida y, como tal, da lugar a una cultura de normalización y tolerancia de esa violencia en la sociedad. Esto significa que las periodistas y las trabajadoras de los medios de comunicación operan en un entorno en que la violencia de género sistemática y estructural forma parte de su rutina diaria. Las mujeres son objeto de diferentes formas de violencia de género, como la violación y el acoso sexual en la redacción y sobre el terreno, además de otras formas de intimidación, como las amenazas a sus familias. Las periodistas que informan sobre protestas y disturbios corren un riesgo cada vez mayor de sufrir agresiones sexuales y muchas se han visto sometidas a tocamientos y acoso sexual, aunque solo unas pocas han dado un paso al frente para denunciar su calvario.

Y aquellas que informan sobre cuestiones feministas también reciben amenazas por el tipo de historias que cubren, pues a menudo han contribuido a un cambio de actitudes que se ha traducido a su vez en un rechazo público de la violencia de género en tanto que violación de los derechos humanos.

En la Declaración ONU sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer se especifica que la violencia contra las mujeres, incluida aquella que se ejerce contra las periodistas, comprende todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto en la vida pública como en la vida privada.  En su recomendación general núm. 19 (1992), relativa a la violencia contra la mujer, el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer ya había señalado que la definición de discriminación incluía la violencia dirigida contra las mujeres por el hecho de serlo o que les afecta en forma desproporcionada.

Los y las periodistas están expuestos a la violencia y a amenazas a su seguridad en el desempeño de su trabajo; no obstante, las periodistas sufren de forma desproporcionada la violencia de género y el acoso sexual, tanto en el lugar de trabajo como en redes sociales/internet. En otro sentido, se “espera” de las periodistas que se ajusten a roles estereotipados y a imágenes sexualizadas de la mujer y que actúen en un contexto de relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres en el mundo de los medios de comunicación. A menudo son el blanco de ataques por ser muy visibles y por expresarse abiertamente, así como por su trabajo, especialmente cuando no se someten a las reglas de la inequidad de género y los estereotipos concomitantes. Sin duda, otras muchas periodistas también se enfrentan a la discriminación intersectorial y a la violencia debido a otras características, la religión, el origen étnico o la pertenencia a una minoría, entre otras. Asimismo, hoy, la violencia de género contra la mujer en línea, y especialmente contra las periodistas que utilizan las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) como instrumentos de trabajo, incluye todo acto de violencia cometido, con la asistencia, en parte o en su totalidad, del uso de las TIC, o agravado por este, como los teléfonos móviles y los teléfonos inteligentes, Internet, plataformas de medios sociales o correo electrónico, dirigida contra una mujer simple y llanamente por eso: porque es mujer .

Nuevas formas de violencia en línea

El carácter violento y de género de las amenazas contra las periodistas a menudo conduce a la autocensura. Algunas recurren al uso de seudónimos, mientras que otras mantienen perfiles bajos en línea, lo que conlleva un efecto perjudicial en su vida profesional y reputación. Otras deciden suspender, desactivar o suprimir sus cuentas en línea en forma permanente, o abandonar la profesión por completo. En última instancia, los abusos en línea contra las mujeres periodistas y las mujeres en los medios de comunicación son un ataque directo a la visibilidad de las mujeres y su participación plena en la vida pública. El anonimato de los autores aumenta el temor a la violencia, lo que ha dado lugar a la sensación de inseguridad y angustia de las víctimas.

La violencia en línea contra las periodistas no solo viola el derecho de las mujeres a llevar una vida libre de violencia y a participar en línea, sino que también socava el ejercicio democrático y la buena gobernanza y, por lo tanto, crea un déficit democrático. De hecho, en los últimos años las periodistas se han visto cada vez más afectadas por esta forma de violencia de género. No solo están más expuestas a las agresiones en línea/RRSS que sus compañeros varones, sino que, además, se ven obligadas a hacer frente al creciente abuso en línea (a menudo misógino y con contenido sexual), al hostigamiento criminal y al acoso.  Para difamar y silenciar a las periodistas también se está haciendo uso de nuevas formas de violencia en línea contra la mujer, como la publicación de información confidencial o doxing, la sextorsión y el troleo, así como la distribución no consentida de contenidos íntimos (o pornovenganza). Así pues, la tecnología ha transformado diferentes formas de violencia de género en algo que puede cometerse a distancia, sin contacto físico y que va más allá de las fronteras, mediante el uso de perfiles anónimos para intensificar el daño a las víctimas.

Cómo Informar sobre la violencia contra las mujeres

Si bien en los últimos años se ha producido un aumento del número de mujeres que optan por dedicarse profesionalmente al periodismo, las normas sociales y los estereotipos de género siguen planteando dificultades que les impiden ejercer la profesión en condiciones de igualdad con los compañeros. En este entorno, me gustaría referirme en concreto al “como” Informar sobre la violencia machista.

Es muy evidente que los medios de comunicación, incluidos los periodistas de ambos sexos, contribuyen de manera fundamental a informar sobre la violencia contra las mujeres basada en la desigualdad al poner de relieve que se trata de un fenómeno sistemático y generalizado, centrándose en la responsabilidad del Estado de prevenirla y combatirla, en particular si informan teniendo en cuenta las cuestiones de esa desigualdad y con sensibilidad hacia las víctimas. Sabemos que los medios de comunicación son cruciales para cambiar las actitudes hacia la violencia de género contra las mujeres, como se demostró al informar por ejemplo sobre el feminicidio (lo que se tradujo en la formación de movimientos populares como #NiUnaMenos, #MeToo y #Seacabó). El hecho de que los medios de comunicación informen sobre estos temas constituye un importante factor de cambio, dado que puede demostrar hasta qué punto está extendida realmente la violencia contra las mujeres.

Desde el SPM queremos recordar también que las periodistas se enfrentan a amenazas singulares en circunstancias especiales y en contextos particulares, como en tiempos de crisis, durante los períodos electorales, en manifestaciones públicas y en zonas de conflicto. Si bien se ha progresado en lo relativo a la capacitación, la autorregulación, el establecimiento de códigos de ética periodística y la vigilancia de los medios de comunicación, aún queda mucho por hacer, en particular habida cuenta del discurso fundamentalista emergente y la reacción mundial en contra de los derechos de las mujeres.

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