La plena participación democrática pasa por una ciudadanía bien informada

Santander, 6 de julio de 2010.

Solo una ciudadanía libre e informada tendrá plena capacidad de participación democrática, y eso no solo exige garantizar «el acceso a la información», sino también que la misma «no sea sesgada ni parcial». Federico Mayor Zaragoza reivindicó así en la santanderina Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) la necesidad de un periodismo de calidad al servicio del derecho ciudadano a la información. Una idea que remachó el vocal de Acción Sindical e Igualdad del SPM y vicesecretario general de la Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP), Manu Mediavilla, al remarcar que «el buen periodismo es saludable, y el malo, perjudicial para la salud democrática y social».

Como presidente del Directorio de la agencia Inter Press Service (IPS) que organizó el Curso de Verano «Comunicación y desarrollo: políticas, redes y tecnologías», Mayor Zaragoza denunció el «poder mediático cada vez más concentrado en menos manos» y la práctica reducción de la ciudadanía a la «condición de espectadores, testigos impasibles, súbditos». Pero «no debemos ser meros receptores de información», apuntó, porque «la democracia no consiste en que nos cuenten, sino en que nos tengan en cuenta».

Desde la llamada Fila Cero de la primera jornada del curso, Mediavilla insistió en la exigencia de calidad informativa, máxime en estos tiempos de sobreabundancia noticiosa acentuada por la popularización de Internet y las redes sociales. Y desde su doble condición de periosindicalista e informador sobre temas sociales, añadió algunas reflexiones a las ponencias de la mesa redonda «Participación, cambio social y nuevas tecnologías. Cómo utilizar las nuevas tecnologías para la participación y la acción de la sociedad civil». En concreto, animó a evaluar en su justa medida el ciberactivismo, ya que en algunos casos puede ser una herramienta eficaz para «ayudar a cambiar el mundo», pero también puede convertirse, si se queda en una simple «revolución sentada» ante el ordenador, en una auténtica «arma de desmovilización masiva».

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