Una huelga general “normal”

Madrid, 29 de marzo de 2012 (texto y fotos Antonio Peiró-SPM)

Normalidad, normalidad, normalidad… y tranquilidad difundían desde primeras horas de la mañana las emisoras de radio y portavoces variados poco avezados en el uso del lenguaje. Claro, es normal que el aparato de propaganda audiovisual de Esperanza Aguirre, también conocido como Telemadrid, tenga desde las doce de la noche la emisión parada y que el helicóptero de la policía no haya cesado de sobrevolar el centro de la ciudad durante toda la noche y la mañana. Lo habitual es que los periódicos no lleguen a los puntos de venta o que los esfuerzos de la patronal por sacar a la calle los diarios no sirvan de nada porque todos los quioscos del centro, desde la plaza de Alonso Martínez a la de Benavente, pasando por la Gran Vía y Sol, están cerrados.
Es de una gran tranquilidad que la Gran Vía se cierre al tráfico cada vez que un piquete quiere, y quiere muchas veces a lo largo de la mañana, o que cuando no quiere el número de automóviles a las dos de la tarde (hora habitual de atasco) sea muy escaso. Es normal que los propietarios del pequeño y mediano comercio abran todas las tiendas del centro en una huelga general, para eso son mayoritariamente votantes del PP. Y es muy normal que, pese a todo, más de la mitad de los comercios de la muy comercial y peatonal calle de Fuencarral, estén cerrados a las once y media de la mañana. O todos cerrados al mediodía después del paso de un numeroso piquete juvenil fuertemente escoltado por la policía. Hablando de policía, se puede observar a diario que los agentes formen un cordón delante de las puertas de entrada a las tiendas, por ejemplo, en la Puerta del Sol, ante un numeroso grupo de ciudadanos y ciudadanas con banderas sindicales que les gritan que son “el piquete de la patronal”. Con todo, es costumbre en el comercio madrileño que abra sus puertas y que no haya apenas clientes durante toda la mañana. Lo último en materia de escaparatismo es la pegatina y la pintada, como todo el mundo sabe.
La rutina en la Puerta del Sol es que un numeroso grupo de jóvenes ciclistas se siente en el suelo a charlar en corros con pegatinas de la huelga general y que todas las calles, grandes y pequeñas, estén sembradas de folletos. Es conocida la costumbre madrileña de que los cubos de basura permanezcan en las esquinas repletos de bolsas y sin recoger… a la una del mediodía. De los contenedores no hablamos porque en este Madrid pos Ruiz Gallardón y actual Botella es normal que estén sobrecargados y sin recoger.
Que la mayoría de los numerosos bares y cafeterías del centro estén abiertos en una huelga general es normal, como también es la regla que en una despejada y calurosa mañana estén casi vacíos. Que de los autobuses municipales suban y bajen muy pocos ciudadanos y que de las bocas de metro salgan también muy pocos durante toda la mañana viene siendo lo más organizado que tiene Madrid, como se puede observar a diario. De los polígonos, los mercados y la industria ni hablamos porque también ha sido una jornada normal y de tranquilidad. Y la manifestación de esta tarde a las 18.30 horas, seguramente también será normal. Es lo que tiene vivir en la España normal gobernada por el normal Mariano Rajoy y su derecha normal. Lo normal en una huelga general.

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