Un año contra la negra oscuridad

Madrid, 8 de abril de 2004. (Antonio Peiró, vicesecretario general del SPM).

Entre Serrano 106 y 108 nos vamos reuniendo unos cientos de personas frente a la embajada de Estados Unidos en Madrid. Llueve. Faltan diez minutos para las 8 de la tarde del 8 de abril de 2004. El silencio de casi 20 horas de vigilia se rompe con los primeros gritos: “Vuestra guerra, nuestros muertos”; “esta embajada está ensangrentada”; “Aznar, canalla, nos vemos en La Haya”; “José Couso, crimen de guerra”; “ilegalizar al Partido Popular”; “Couso, hermano, no nos olvidamos”.

Llueve un poco más sobre unas decenas de pequeñas pancartas. Pasados unos minutos de las 8 de esta tarde encapotada pero luminosa, ya somos unas mil las personas reunidas. Al micrófono, David Couso. Aplausos. Dice que el mejor homenaje a su hermano es “gritarles lo que son: asesinos”. Retruenan los gritos de “¡asesinos!”. Y luego: “Esos de enfrente matan a la gente”, “no a la guerra”, “eso, eso, eso, las tropas de regreso”. Añade David Couso que desde la última concentración, hace un mes, han pasado cosas terribles, como los casi 200 muertos del 11-M, y otras esperanzadoras: que Aznar “acabará en el cubo de basura de la Historia”. Pide un minuto de silencio por todos los muertos de esta guerra, empezando por los miles de iraquíes.

Al micrófono, uno de los tíos de José, Quico Permuy, lee un comunicado sobre “un año de mentiras”. Han pasado 25 minutos desde las 8 de la tarde. Rafael García Bernal se dirige a los concentrados y afirma que “Aznar no se va con las manos limpias, las tiene manchadas de sangre”. Aplausos. Gritos de “queremos al bigotes entre los barrotes”. Otro tío de José, Rafael Permuy, lee el comunicado “No olvidamos” y recuerda el papel jugado por Aznar, Ana Palacio, Federico Trillo y Gustavo de Arístegui. Acaba aludiendo a la impunidad cómplice. Lectura del poema (dedicado a Aznar) titulado “Cuando un imbécil tiene una idea genial”. Aplausos.

Sube al pequeño escenario Luis Farnox, en manga corta bajo la lluvia y algo de viento frío. Es la versión ’single’ de El Mecánico del Swing que animó la fiesta del reciente quinto aniversario del SPM. Entona, entre palmas, la canción “Americanos” actualizada. Su guitarra y su armónica se escuchan otra vez más. Enhorabuena por lo familiar (es una confidencia que me ha hecho antes de comenzar el acto). Al micrófono, la periodista Olga Rodríguez. Va oscureciendo. Se monta una pantalla y proyectan el corto “Muertos de segunda” del largo “Hay motivo”. Aplausos para el rodaje de El Gran Wyoming. Se cierran los paraguas. Un vídeo enviado desde Bagdad muestra imágenes de la delegación familiar que ha viajado para homenajear a José. Sigue el vídeo realizado por sus compañeros. Los aplausos son intensos.

Manuela, llegada desde Valencia, canta en directo en homenaje a José y a todos los que “son los ojos de lo que no podemos ver”. Se retira la pantalla. Es de noche. Maribel Permuy, toda de negro con la pegatina blanca de su hijo sobre el pecho, lee un relato sobre la infancia de José y sus hermanos allá en Galicia y nos dice que “las mil historias que José quería contar a sus nietos se las contaremos nosotros a sus hijos”. Bastantes de los concentrados lloramos. Y nos vamos con la pegatina en el pecho. Son las 21:50. Diez minutos más tarde, el boletín de Radio Nacional de España (la emisora de todos, todavía sometida) dice al respecto… nada. El mes que viene, a las 8 de la tarde del 8 de mayo, la cita vuelve a ser frente a la embajada de EE.UU. en Madrid. Hará trece meses que las tropas norteamericanas asesinaron a José Couso en Bagdad. Por la justicia, por la verdad, por la dignidad.

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