Rayos de esperanza entre la desolación periodística

El Día de los Derechos Humanos, ensombrecido por abusos laborales, profesionales y políticos

Manu Mediavilla, secretario general del SPM

Madrid, 10 de diciembre de 2015

Día DH 2015Para la profesión periodística española, este Día de los Derechos Humanos es una jornada de desolación.

  • Desolación laboral, por los 12.000 despidos y 300 medios cerrados desde 2008, que son la punta del iceberg de una estrategia empresarial de corto plazo que, además, recorta por las bravas salarios y derechos laborales y aumenta salvajemente la carga de trabajo de las plantillas reducidas y despreciadas. Al final, el gran recorte lo sufre la calidad de la información, hasta completar el círculo vicioso que desnuda la incompetencia gestora: lectores y audiencias ‘huyen’ de esos productos informativos de peor calidad, caen las tiradas de prensa y las audiencias radiotelevisivas, bajan los ingresos por ventas y publicidad… y las empresas vuelven a la carga con su ‘política suicida’ de cuadrar las cuentas a golpe de despidos y recortes.

  • Desolación profesional, porque el ‘precariodismo‘ forzoso dificulta el ejercicio de un periodismo digno y pone bajo mínimos el prestigio social de una profesión que debería ser cimiento fundamental del sistema democrático. En su desesperada huida hacia adelante, las empresas de comunicación subordinan todo a los balances económicos –de ahí su creciente dependencia del poder financiero– y aparcan cualquier preocupación por la ética y la autorregulación empresariales. Eso explica la ‘fiebre’ de superficialidad, banalidad y chabacanería en los contenidos informativos, y la abundancia de desinformación, descalificaciones y sectarismo en columnas, editoriales y tertulias. Auténticas enfermedades letales para la profesionalidad periodística y para el periodismo libre, independiente y al servicio de la ciudadanía que necesita una democracia de calidad.

  • Desolación ciudadana y democrática, por las ‘leyes mordaza’ y los preocupantes retrocesos de la libertad de prensa, que hicieron plantearse el año pasado a la organización Freedom House (Casa de la Libertad) bajar a España a la categoría de “país con libertad de prensa parcial”. La inquietud es compartida por la Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP) y por numerosas organizaciones de la sociedad civil como Amnistía Internacional, Cáritas, Greenpeace y las 70 de la Plataforma ‘No Somos Delito’, que han denunciado la Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana y la reforma del Código Penal como amenazas al ejercicio de los derechos de expresión y reunión. Cinco relatores de derechos humanos de la ONU han llegado a pedir la retirada de ambas normas. Y lo mismo han hecho cuatro grandes organizaciones de periodistas (Instituto Internacional de la Prensa, Comité para la Protección de los Periodistas y dos a las que pertenece la FeSP: Plataforma en Defensa de la Libertad de Expresión y Federación Europea de Periodistas).

  • Desolación sobre los medios públicos. Capítulo aparte de desolación merecen los medios públicos, que en la última legislatura del Gobierno Rajoy han batido todos los records de manipulación informativa y estrangulamiento económico. A la pésima gestión de Radiotelevisión Española, cuyos informativos descaradamente progubernamentales han visto estrellarse su audiencia y su prestigio, se suma el desaguisado del PP en cadenas autonómicas como el clausurado Canal Nou valenciano o la desacreditada Telemadrid, cuya audiencia es casi anecdótica tras ser arrasada a base de despidos masivos y gubernamentalización.

  • Rayos de esperanza. Pero este panorama desolador no ha apagado la esperanza, que aún deja ver algunos rayos. Uno, los tiempos de cambio político, que vaticinan algunos consensos mínimos para recuperar la dignidad de los medios públicos. Otro, la capacidad de resistencia de los medios sociales y comunitarios del Tercer Sector, que tienen la ley a su favor para que se garantice su presencia en el espacio radioeléctrico. Y el tercero, la pujanza informativa de los 400 ‘nuevos medios’ surgidos durante la crisis, que están mejorando el escenario periodístico y saltando ‘muros de silencio’ sobre los abusos de poder, aunque su creación de empleo no sea suficiente todavía para ‘compensar’ 12.000 despidos.

  • Gran asignatura pendiente. En el trasfondo permanece sin resolver el grave problema del colectivo de periodistas sin redacción y ‘freelances’, excluidos de convenios y a merced de empresas sin escrúpulos que les rebajan ‘por decreto’ sus artículos y fotografías. Su defensa solo será posible desde una profesión fuertemente organizada. Y para eso creamos los Sindicatos de Periodistas.

 

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