Becarios: Aclaraciones para no confundir estudiantes y contratados en prácticas

El Día Internacional del Becario evidencia la precariedad del colectivo y la necesidad de un marco regulatorio más claro

13 de mayo de 2019. (Goyo García, miembro de la Ejecutiva del SPM).

Las empresas españolas se han vuelto adictas a los estudiantes en prácticas, habitualmente denominados becarios. Cada año crece el número de alumnos que llegan a las compañías, hasta el punto de convertir a España en el segundo país de la Unión Europea (por detrás de Eslovenia) con mayor número de becarios, según un documento elaborado en 2013 por la Comisión Europea titulado «La experiencia de los becarios en la Unión Europea» [http://ec.europa.eu/commfrontoffice/publicopinion/flash/fl_378_en.pdf] .

Este informe ha recobrado actualidad con motivo del Día Internacional del Becario, que se ha conmemorado el 9 de mayo, una jornada que trata de poner de relieve la situación de precariedad en la que se encuentra este colectivo y la necesidad de establecer un marco regulatorio más claro.

En el informe de la Comisión Europea se indica que en España «el 58% de los alumnos en prácticas no laborales no perciben ninguna remuneración«, y a siete de cada diez, la cantidad que les pagan no les da para cubrir los gastos básicos, lo que provoca que cada vez más estudiantes se vean obligados a alargar su etapa de formación o a apuntarse a cursos para poder trabajar en prácticas.

Si la compensación económica de las empresas a los becarios escasea, no se puede decir lo mismo cuando se valora la cantidad de trabajo que se les asigna. Así, siete de cada diez personas en prácticas «reconocen que la carga de trabajo es equivalente a la del resto de trabajadores que están en plantilla«.

La radiografía de este colectivo en España lleva a la conclusión de que casi dos de cada diez becarios superan los 30 años. Y aunque esta etapa se ve como un periodo para adquirir experiencia y lograr un contrato en la empresa, lo cierto es que apenas un 30% lo consigue.

Diferencias entre becario y contratado en prácticas

Conviene hacer una aclaración para no confundir la figura del estudiante en prácticas o becario con la del contrato en prácticas. Estas son las diferencias sustanciales:

1. El becario no tiene vinculación laboral con la empresa. Sus prácticas se formalizan a través de un convenio entre tres partes: el estudiante, la entidad educativa y la empresa. Ese convenio es el que sirve para regular las pautas básicas como el horario, las labores que realizará o el tutor que le corresponde.  La beca debe contribuir a completar la formación alcanzada y debe estar dirigida y supervisada por un tutor de la empresa. El contrato en prácticas sí que vincula laboralmente a esa persona con la empresa.

2. Solo los estudiantes matriculados en entidades educativas pueden realizar prácticas externas en la empresa. En cambio, los contratos en prácticas están dirigidos a aquellas personas que ya han obtenido el título universitario, de Formación Profesional (FP) o un certificado de profesionalidad. En este tipo de contratos no existe un máximo de edad. El único requisito es que el alumno-trabajador no haya obtenido su titulación hace más de cinco años.

3. Los becarios podrán cobrar de la empresa en concepto de ayuda al estudio, pero no se trata de un sueldo.  La ley no establece la obligatoriedad de que las empresas colaboradoras abonen una cantidad económica a los becarios, lo que contribuye, como ha denunciado la FeSP, a la precariedad de este colectivo. A los contratados en prácticas sí les corresponde un salario, que en ningún caso puede ser inferior al salario mínimo interprofesional.

4. Las prácticas académicas de los becarios sólo cotizan a la Seguridad Social si son remuneradas. La cotización corre a cargo de la empresa (paga unos 50 euros/mes) y da al becario el derecho a recibir prestaciones de jubilación, invalidez e incapacidad temporal por accidente laboral o enfermedad. No sirve, en cambio, para tener acceso a la prestación por desempleo. Los contratos en prácticas siempre cotizan, y lo hacen por los conceptos de desempleo, Fogasa y formación profesional.

5. En cuanto a la duración, cada convenio fija un tiempo máximo. En el caso de las prácticas curriculares (que están integradas en el plan de estudios y son obligatorias si éste las contempla) tienen una duración de hasta 1.500 horas. Las extracurriculares, que son voluntarias y no forman parte del plan de estudios, tienen un tiempo no superior al 50% del curso académico o seis meses. En el caso de los contratos en prácticas la duración mínima es de seis meses y un máximo de dos años.

6. Los horarios de lo becarios se fijan de acuerdo con la entidad colaboradora, pero siempre deben ser compatibles con la formación académica del estudiante. En los contratos en prácticas, el horario queda recogido en el propio contrato del trabajador.

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