La ONCE también persigue a periodistas

Madrid, 9 de febrero de 2007. (Editorial de ‘El Boletín’, publicación de la Agrupación de Periodistas de UGT de Madrid).

En la agencia de noticias Servimedia, perteneciente a la Fundación ONCE, la paz social ha saltado por los aires. Sin apercibimiento previo ni comunicación de ningún tipo, dos periodistas han ido a la calle. Lo más impresentable es que la propia dirección de la empresa reconoce que “los despidos son improcedentes”. Hay que tener cara dura y unos objetivos que no son los que alegan en la carta de despido de “bajo rendimiento” para, después de 15 años, privarles de su derecho al trabajo.

Para comprender bien lo que ocurre en esta empresa de la ONCE, a la que muchos creen ejemplo de solidaridad, trabajo, dedicación, etc., sólo tenemos que recordar que los dos redactores ahora despedidos, Anselmo Lucio y Manuel Tapia, siempre han estado apoyando a otros compañeros represaliados con anterioridad. Anselmo fue delegado de personal en una época, sinónimo de “enemigo” para la dirección de Servimedia.

La descarada persecución sindical que se ejerce en Servimedia se remonta a sus orígenes, cuando despidieron a la delegada sindical de UGT que había negociado el primer convenio colectivo que tuvo la empresa. Entonces los tribunales declararon el despido nulo y tuvo que ser readmitida.

Como un burro con orejeras, los responsables de la agencia de noticias, con el beneplácito de sus dueños, la ONCE, continuaron en su empeño de cargarse a todo aquel que se significara en la defensa de los trabajadores. Le tocó el turno de acudir a magistratura a otra redactora, que terminó por llegar a un acuerdo para no volver a la empresa.

A pesar de hacer las maniobras correspondientes para asegurarse un comité de empresa “amigo” con una lista de “independientes”, no todos los trabajadores votaron esa lista, así que había que ir a por los “revoltosos”. Días después de que uno de éstos expresara su opinión en una asamblea, recibió una carta de despido, “con invitación a negociar un improcedente”. Los tribunales volvieron a declarar el despido nulo y el trabajador fue readmitido.

La historia continúa. Al comprobar que los tribunales rechazaban sus prácticas de acoso y persecución laboral, probaron con otro tipo de presión, la personal. Otra delegada sindical tuvo que presentar entonces una demanda por acoso laboral tras sufrir episodios de ansiedad y estrés.

El último capítulo, por ahora, se salda con el despido de otros dos redactores, que siempre han estado al lado de sus representantes. Produce repugnancia leer que les despiden por bajo rendimiento, cuando son dos periodistas reconocidos, con prestigio y premiados por su trabajo y su trayectoria en la Agencia.

La persecución sindical continúa y parece obedecer a una estrategia pensada y planificada para deshacerse de los elementos que no se pliegan a sus deseos, de dos en dos como en este caso.

La ONCE tendría que tomar cartas en el asunto. Algunas claves para entender lo que ocurre en Servimedia están a la vista. Comenzando por el director, que fue responsable de comunicación de un ministro del PP, y continuando con otros “jefecillos de sección” que, en voz alta, en medio de la redacción, se permiten el lujo de insultar e injuriar al presidente del Gobierno, y lanzar todo tipo de improperios contra “los rojos”. ¿Qué independencia se puede esperar de semejantes “periodistas”?

Estos personajes y sus actuaciones, tanto profesionales como laborales, manchan y desacreditan la labor de la mayoría de los buenos periodistas que trabajan en esta agencia. Los que deberían marcharse, por vergüenza, son ellos, pero no lo harán porque no la tienen.

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