La familia de José Couso exige una investigación internacional de este «brutal crimen de guerra» y critica la tibieza del Gobierno español

Madrid, 9 de abril de 2003.

La familia de José Couso considera un “brutal crimen de guerra” la muerte del cámara de Telecinco por un carro de combate estadounidense, exige una investigación internacional que «esclarezca de manera creíble y fehaciente los dudosos motivos que han rodeado tan brutal asesinato por parte de la coalición angloamericana» y se «reserva el derecho de emprender las acciones legales que considere oportunas». El comunicado expresa también su más «enérgica repulsa a la tibia y dudosa actuación gubernamental española».

«Al margen de consideración política de cualquier orden –señala el comunicado-, creemos que la muerte violenta de José Couso Permuy en Bagdad, cumpliendo su labor informativa con la única arma de su cámara, se trata de un brutal crimen de guerra, ya que tal hecho viola el protocolo adicional número 1 de 1997 de la Convención de Ginebra».

La familia del camarógrafo asesinado agradece “las numerosísimas muestras de afecto, apoyo y solidaridad recibidas de personas, instituciones y medios Informativos”, entre las que destaca «el apoyo recibido por parte de todo el personal de Telecinco». En concreto, la empresa ha hecho saber a los trabajadores su compromiso de asegurar una “cobertura” a la familia de Couso, mientras los compañeros del periodista apoyaban la idea de ceder un día de su salario a su viuda e hijos.

Comunicado del Comité de Atlas

Por su parte, el Comité de Empresa de Atlas, la agencia del Grupo Telecinco, ha hecho pública una nota sobre la muerte de su compañero José Couso, cuyo textol reproducimos a continuación:

“La sinrazón, que no sólo un misil, ha acabado con su vida. El arma de destrucción masiva en el que se ha convertido el ejército anglo-americano no ha respetado ni siquiera a un buen tío (y buen reportero gráfico) como José. Tal vez, su cámara, la cámara que ha reflejado desde el comienzo de esta guerra los horrores de la misma era más peligrosa que cualquier ántrax por descubrir o colocar. Hablaba por sí misma. Tal vez, Couso, como le llamábamos, ha grabado al tanque (con sus correspondientes soldados) que le asesinó. Pero este, como el de todos los civiles iraquíes, será un asesinato sin pena para el asesino. No hay nada que investigar. Las guerras son así. Por eso, los ciudadanos de bien hemos dicho ‘NO A LA GUERRA’.

“Ahora nos ha tocado a alguien más cercano a nosotros. Y duele mucho más. Es así. Los humanos somos así. Porque los que le conocimos de cerca, como es el caso de los trabajadores de Atlas España, no podremos volver a disfrutar, no ya de su buen hacer, sino de su presencia, su afabilidad y su sensatez. El bueno de Couso no podrá volver a dejar su cámara en el bar Moreno, como sus compañeros cámaras y el mismo llamaban a ese antro, que no habitación, situada en el aparcamiento de Telecinco, donde nuestra empresa se empeña en hacinarles mientras esperan una nueva noticia que cubrir. Ni recomendarnos ese restaurante de Madrid, lugar pequeño y amable como él, donde se come un arroz con bogavante extraordinario que Couso, como buen gallego, le gustaba degustar con su mujer y sus hijos. Se nos ha ido José, pero nos tiene que quedar su espíritu y su recuerdo.

Mientras escribimos esto estamos llorando. Porque Couso se ha muerto. Y, mientras vivió, él dio lo mejor a una empresa que a duras penas le respondió. Este escrito está realizado apenas unas horas después de conocer su muerte. Nos puede la rabia, su desaparición, la familia que deja y las cosas que le quedaron por cumplir. Terminamos sumándonos a las palabras dichas ayer por Julio Anguita tras conocer la muerte de su hijo en circunstancias similares. ‘Malditas las guerras y los canallas que las apoyan’.

“Va por ti José”.

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