Gobiernos, narcos y paramilitares: relatos periodísticos para explicar el asesinato de Pablo Escobar 25 años después

3 de diciembre de 2018 / José Manuel Martín Medem /

“Vea, señor, está hecho”. A Miguel Rodríguez Orejuela, del cartel de Cali, le llamaban el Señor y fue el primero en recibir una llamada telefónica del Bloque de Búsqueda para anunciarle hace veinticinco años, el 2 de diciembre de 1993, que habían ejecutado a Pablo Escobar. Les había prometido 10 millones de dólares por eliminar a su rival en el narcotráfico, el patrón del cartel de Medellín. Lo cuentan su hijo William Rodríguez Abadía y el periodista estadounidense Mark Bowden en sus libros ‘No elegí ser el hijo del cartel’ y ‘Matar a Pablo Escobar’.

La revista ‘Semana’, portavoz del sistema político, económico y militar colombiano, reconoce que fue un pacto con el diablo la alianza para matar a Escobar de los gobiernos de Colombia y Estados Unidos con el cartel de Cali y los paramilitares.

El presidente César Gaviria pidió la colaboración de Washington para el Bloque de Búsqueda, formado por especialistas del ejército y de la policía. Bowden confirma la participación de la CIA, el FBI, la DEA, la Fuerza Delta del ejército estadounidense y la agencia clandestina de vigilancia electrónica Centra Spike. En su libro revela que Gaviria, violando la soberanía nacional, ocultó la intervención: “Les dijo que tenían carta blanca para actuar sin respetar la prohibición constitucional de desplegar tropas extranjeras en territorio colombiano”.

¿Por qué tenían tanto interés en matar al patrón? Por lo que sabía. Porque conocía el gran secreto de la guerra de Reagan contra los sandinistas. Pablo Escobar fue el socio de la CIA en la financiación del terrorismo de los contras mediante el narcotráfico.

La operación para eliminarlo comenzó con el presidente Bush y continuó con Clinton. Los paramilitares aportaron sus escuadrones de la muerte a cambio de la impunidad para las matanzas y el narcotráfico. En su libro ‘Guerras recicladas, una historia periodística del paramilitarismo’, la colombiana María Teresa Ronderos denuncia que “aquella alianza fue la levadura de la peor y más devastadora patente de corso”.

Los periodistas españoles Nacho Carretero y Víctor Méndez Sanguis, autores de los libros ‘Fariña’ y ‘Narcogallegos’, confirman que son esas mafias narcoparamilitares las que ahora inundan España de cocaína para su distribución en la Unión Europea. Ochocientas toneladas cada año. Un negocio de 25.000 millones de euros.

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