Cosas que van mal (o muy mal) en el periodismo (II)

Madrid, 3 de diciembre de 2009 (foto Antonio Peiró)

Para la mesa redonda inicial de la segunda jornada del congreso internacional “Otra información para cambiar el mundo; periodismo de calidad para el siglo XXI”, los organizadores han seleccionado a Íñigo Herráiz (editor de La 2 Noticias), Thilo Schäffer (diario Público) y Roberto Montoya (ex redactor de El Mundo). El lema que convoca a los estudiantes de la facultad de Ciencias de la Información de la UCM en la sala de conferencias del edificio nuevo es “Posibles soluciones: programas, espacios y medios de calidad”. En la primera jornada, ayer, se abordaron los problemas (ver información relacionada en esta misma página).

“Lo que más abunda no es el periodismo de calidad porque si todos lo hiciéramos, no estaríamos hablando aquí”, comienza Roberto Montoya, afiliado al SPM y reciente baja voluntaria en el ERE del periódico El Mundo después de 17 años en su redacción de internacional, como corresponsal y como jefe de sección. “Tampoco es algo que debatan mucho los profesionales, más volcados en los efectos de la crisis o en los hábitos que traen las nuevas tecnologías”.

A propósito del periodismo digital, Roberto Montoya no duda en afirmar que su autonomía es fundamental.“La adaptación se está haciendo de mala manera porque los portales de los periódicos están contaminados de los mismos vicios que tienen las ediciones en papel. En el caso de El Mundo, la autonomía inicial ha caído en manos de los mismos valores, ideas, obsesiones y campañas que tiene el papel. Y esto vale para todas las nuevas plataformas que tiene el grupo”. Para solucionar el problema de fondo de la calidad “hay que encontrar otra forma de periodismo al margen de los intereses de los grandes grupos mediáticos”.

Montoya cita el libro “Pedro J. Ramírez al desnudo”, de José Díaz Herrera, para señalar que el periodismo necesita desvincularse del poder, de los bancos y de los favores. “Es un libro muy documentado que demuestra cómo Pedro J. Ramírez pasó de utilizar el periódico para lanzar inequívocas y reiteradas alabanzas a los gobiernos de (Felipe) González por montar los GAL a sentar en el banquillo a ministros por el mismo tema porque las leyes del gobierno no le favorecían”. Una forma de hacer que continúa.“Presume de que cada vez que titula a cinco columnas con el 11-M, aunque sea con informaciones no confirmadas, suben las ventas”.

El ex-redactorde El Mundo dice que “estamos en el reinado de los periodistas mercaderes porque el modelo pedrojota se puede extender a los polancos o a los ansones” y afirma que hay solución si las redacciones superan el pragmatismo actual y “se alejan de los conversos, que un día escriben con la mano derecha y al siguiente con la izquierda”.

Íñigo Herráiz considera que hay que enfrentar a los grandes enemigos de la calidad: directivos supeditados a sus intereses o a lograr grandes audiencias, falta de respeto de los profesionales por sí mismos, precariedad general, redacciones en mínima expresión, abandono de la especialidad, carrera por la inmediatez, ruedas de prensa sin preguntas, mítines o actos con señal de televisión suministrada por los organizadores. “La alternativa debe comenzar a forjarse aquí, en las facultades, y seguir después,intentado ser novedosos, rigurosos, creativos, buscando otro enfoque, como hacemos en La 2 Noticias”.

Thilo Schäffer, de Público, asegura que hay dos escuelas en el periodismo: seguir la agenda o buscar otros caminos. “Estas dos posiciones están en conflicto cada día. Como las noticias imprescindibles y las de medio pelo o las apuestas propias y las que llegan al periódico rebotadas de las webs, las radios o las televisiones”. Dice que hay que ser realista con la información propia porque depende de los medios y de las páginas que tengas (cada vez menos con la crisis) y que “unos días ganas y otros no, pero siempre hay que apostar por la calidad”.

Enel debate posterior han salido el futuro que le espera a RTVE sin publicidad, el periodismo multimedia, los comités de redacción, la precariedad de muchas webs, la tensión con las líneas editoriales de los medios, el protagonismo de la ciudadanía y la búsqueda de fuentes alternativas.

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