Caddy Adzuba lamenta la imagen negativa de África en los medios y pide apoyo a las mujeres ‘constructoras de paz’

“Ustedes mismos están en guerra cuando tienen militares o policías en otros países”, advierte la periodista congoleña galardonada con el Príncipe de Asturias de la Concordia 2014

Madrid / Granada, 1 de noviembre de 2014.

La congoleña Caddy Adzuba, Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2014, tiene mucho que decir como mujer, africana, periodista y activista por la paz. El galardón que acaba de recibir, recalcó esta semana en el Ateneo de Madrid, “es de esas mujeres que luchan cada día para vivir y que me dan valor; yo solo soy su espejo”. Es, por ejemplo, de aquella víctima de violencia sexual que, justo una de esas veces en las que “me dan ganas de irme porque me siento muy cansada”, la llamó para preguntarle qué podía hacer para apoyar su trabajo. “Me quedé, le dije ‘tú y yo podemos cambiar el mundo’, y empezamos el proceso de transformar la pena en empoderamiento” de las mujeres.

Adzuba en la  inauguración de la exposición de Alejandro Vico © SPA

Adzuba en la inauguración de la exposición de Alejandro Vico © SPA

Como africana y como periodista, Adzuba lamenta “la imagen que dan los medios de comunicación” de su tierra. Lo comprobó en una charla con estudiantes en Barcelona sobre África: todas las respuestas eran sobre pobreza, suciedad, ébola… “Nadie dijo que Europa se contruyó gracias a África. Yo estoy orgullosa de ser africana. ¿Quién eligió nacer en España? Yo no elegí ser congoleña. Cada persona tiene que ser libre dentro de su propio país”.

Nada más recibir el premio de la Concordia, la activista congoleña ha relanzado su campaña a favor de las Resoluciones 1325 y 1820 de las Naciones Unidas, que buscan proteger a las mujeres en los conflictos y asegurar su participación en el proceso de reconstrucción posbélica. Por eso acudió al Ateneo madrileño, donde participó en un coloquio sobre “Mujeres y paz en Congo” y donde recordó los cuatro pilares sobre los que se asientan ambos textos de la ONU: la prevención del conflicto, la protección de niñas y mujeres cuando ya ha estallado, la participación femenina en las mesas de negociación para ponerle fin y la reparación de los daños causados.

“Prevención del conflicto quiere decir no participar en su elaboración”, dijo. Y añadió que “hay que darse cuenta de que ustedes mismos están en guerra; no pueden cerrar los ojos y decir que están en paz mientras tengan militares o policías en otros países”. En la propia República Democrática del Congo, recordó, hay “policías españoles en la misión de paz de la ONU, y los pueden matar”.

La 1325 es “un texto maravilloso”, señaló, “pero me da pena que no haya ningún organismo internacional que obligue a los Estados a respetar lo que firmaron”. Pese a ello, y “aunque sea muy larga y difícil, nuestra lucha mantiene la esperanza”, como lo prueban algunas medidas tomadas después de que su Asociación de Mujeres de Medios de Comunicación del Este de Congo denunciara ante la Corte Penal Internacional y el Senado estadounidense el recurso a la “violación como arma de guerra” en su país y el gran negocio del coltán –un mineral imprescindible para la fabricación de teléfonos móviles– que se esconde tras el conflicto.

El coloquio reunió a representantes de la Asociación Éxodo para la Transformación Social, el Instituto de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid, el Instituto Universitario de Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma de Madrid, la Unidad de Igualdad de la Universidad Complutense de Madrid y la Fundación Euroárabe granadina. En la sede de esta institución, Caddy Adzuba inauguró el día anterior una exposición del joven artista local Alejandro Vico, con obras basadas en el empleo de pólvora para demostrar que este elemento puede utilizarse también con fines pacíficos.

Lola Fernández, directora de Comunicación y Relaciones Institucionales de esa fundación andaluza, destacó en el coloquio madrileño que las Resoluciones 1325 y 1820 del Consejo de Seguridad de la ONU “nacen de las mujeres, del movimiento asociativo”, y que “no solo hablan de víctimas, sino de mujeres como agentes de paz”. Durante las guerras, añadió, “ellas trabajan, traen alimentos, cuidan, enseñan y hacen de todo”, pero “cuando pasa el conflicto, ‘desaparecen’, no son incluidas en las mesas de negociación”. De ahí, remachó, la importancia de “apoyar a las mujeres constructoras de paz”, como hizo el Sindicato de Periodistas de Andalucía –del que Fernández es secretaria general– al conceder en 2009 a Adzuba el Premio Julio Anguita Parrado.

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