14-D: Decepción sin rumbo en el 30º aniversario de la “gran huelga”

Elisa García / Secretaria de Finanzas del SPM

14 de diciembre de 2018

Carencia de un trabajo digno para las personas jóvenes, nivel salarial en caída libre, pensiones por debajo del salario mínimo interprofesional, retribuciones de las personas jubiladas sin garantía de poder adquisitivo, beneficios empresariales jamás orientados hacia la creación de empleo… Estas denuncias formaron parte de la Huelga General del 14-D, como se conoce a la protesta de la que este viernes se cumplen 30 años. Fue la huelga de mayor seguimiento de la historia de España.

Aquel paro movilizó a casi ocho millones de ciudadanos, y fue convocado bajo el lema de “Juntos podemos”, en unidad de acción de CC.OO. y UGT y con la participación de otros sindicatos minoritarios. Técnicos de Televión Española dieron el pistoletazo de salida al desconectar la programación. También Radio Nacional cortó su emisión, y ningún periódico de difusión nacional salió a la calle.

España apareció desierta, paralizada, mientras el Gobierno socialista de Felipe González negaba reiteradamente que hubiera motivos para la huelga. Incluso algunos miembros del Ejecutivo apelaron a fantasmas del franquismo y dijeron que la protesta obedecía a intenciones comunistas. Las calles de las grandes ciudades aparecieron vacías, pero no muertas. En las casas y en los locales cerrados se vivía con euforia el triunfo de los trabajadores y trabajadoras. El éxito del 14-D fue tal que ni siquiera hubo “guerra de cifras” sobre sus resultados.

La huelga dio sus frutos. Sobrepasó el éxito esperado y palió en cierta medida algunos de los desastres sociolaborales de entonces. Pasados 30 años, la situación ha empeorado. La protección legal a los trabajadores se ha reducido considerablemente; el despido, que siempre fue libre, se ha abaratado; el empleo precario y los contratos-basura se han extendido y ya no afectan solo a los jóvenes; hay trabajadores asalariados que viven en el umbral de la pobreza… Por no hablar de otros temas fuera del ámbito estrictamente laboral como las concertinas de Ceuta y Melilla, que siguen sin desmontar, o la Ley Mordaza.

El 14-D de 1988 resultó el punto álgido de una larga decepción. Un ¡basta! momentáneo que se fue difuminando a golpe de crisis. Y ahora qué se puede hacer. El escenario es desmoralizador. La corrupción abunda. El individualismo ha crecido. La sociedad está desmotivada. La denominada izquierda solo tiene ideas claras y precisas cuando está en la oposición. El poder hace oídos sordos a las demandas de la clase trabajadora. La clase política miente y sigue al servicio de la estrategia neoliberal… La lista es interminable, y la decepción en 2018 aumenta. Y lo más triste es que no tiene rumbo.

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